¿Qué pasa cuando...?
Recuerdo esos ejercicios en clase de física, en el colegio. Aún suena en mi cabeza esa voz de Don Ignacio: "Un peso de 50kg. cae desde una altura de 40m. Suponiendo la constante universal de gravedad, y suponiendo situación de idealidad, sin rozamiento con el aire. ¿Con qué fuerza chocará el peso con la superficie?".
Así que "situación de idealidad"... Eso es lo que nos enseñaron. Ya no sólo en el colegio, sino en la propia universidad. Y digo yo: ¿para qué estudiar tanta situación óptima, si luego eso no existe? Me recuerda a una metáfora que un día me contaron. Es como pasarse años aprendiendo a cazar dragones. Y luego tener un bonito título de caza-dragones. Y aún más tarde, quitarte la venda, abrir los ojos y mirar el mundo en el que vives, para darte cuenta de que los dragones, por mucho que se haya escrito sobre ellos, no existen...
Me resulta curioso, de forma parecida, lo de los espejos. Porque ¿qué es un espejo? O mejor dicho, ¿qué se ve en un espejo? Nadie puede negar que se ve un reflejo de lo que le pongas por delante.
Se ve lo que le pongas por delante... Se ve lo que le pongas por delante... Entonces, se me antoja concebir el espejo como un ojo inerte. Inerte de forma bidireccional. No tiene vida como para interpretar aquello que ve. No tiene vida como para que las interpretaciones condicionen la forma de ver las cosas. ¿O quizá el diseño matemático le dé cierta vida en esa segunda dirección? Porque, de primeras, todos imaginaremos un bonito y tradicional espejo de baño, por ejemplo. Un espejo de rectas y perfectas direcciones, un espejo con "situaciones de idealidad", que muestra de forma perfectamente objetiva, en perfectas proporciones y magnitudes, lo que tiene enfrente.
Pero, ¿qué pasa si el sujeto reflectante es un espejo de curvas cóncavas? En ese caso, la realidad que tiene enfrente se le presentará distorsionada. Verá las cosas más pequeñas de lo que realmente son, y mientras más cerca las tenga, más las distorsionará, hasta el punto de que, si están demasiado cerca, puede llegar a invertirlas.
¿Y si el espejo describe una curva convexa? Sabemos que distorsionará las cosas, pero en este caso haciendolas más grandes. Más y más desproporcionadas según estén más lejos, y si están lo suficientemente alejadas, también las invertirá.
Descritos los casos extremos, el de completa y objetiva rectitud de formas, y los 2 casos de completa curva, me pregunto si todos ellos tienen representación en el mundo real, o si alguno de ellos responde a ese mundo de teórica idealidad irreal que desde pequeños nos han inculcado. Y es que, ¿puede existir en el mundo la perfecta rectitud? Yo lo dudo, y por tanto, se me antoja el espejo como metáfora de la imposibilidad de ver las cosas con completa objetividad, con perfecta magnitud y proporción. No, el espejo será más o menos curvo, pero nunca recto, y cada espejo reflejará lo que se le presente por delante según las condiciones en las que fue diseñado, y según el trato que el tiempo le haya dado, ya que, por mejor que sea el diseño, todo espejo se dobla y ensucia con el paso del tiempo. Ahora me parecen mucho menos inertes esos ojos. Curioso, lo de los espejos...
13 jul 2009
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4 comentarios:
Bueno, antes que nada te felicito por el estreno de tu blog.
Aunque no sabría resolver el problema que planteas, si puedo darme cuenta de que te expresas de maravilla (no es coba gratuita). Y ya sabes que pienso de la objetividad de un espejo ;)
un besote, Valle.
mek
Hola Valle!!!
Cada día que pasa me sorprendes más. No sabía que destacaras también en didáctica filosófica. Eres una DaVinci del s.XXI.
Un besazo.
Felicidades, me ha gustado mucho lo que escribes. Las cosas siempre se entienden mejor con un buen ejemplo, tal y como haces. Reflexionaré sobre ello.
Gracias a los tres por leerme y por vuestros comentarios. Un beso. Valle
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