¿Conoces ese momento en el que, de repente, ves por primera vez algo que siempre has tenido delante? Sí, seguro que lo conoces. Si no, planteate que quizá aún no hayas vivido...
Es como una visión, pero con una diferencia: no es tan efímero, sino que imprime carácter. Cuando algo se te revela de esta manera, cambia de forma permante el cómo ver las cosas, aún cuando quisieras que no fuese así.
Recuerdo un día, mirando el mar... Fue uno de esos días intensos, de esos en los que necesitas escaparte del mundo y quedarte solo, contigo mismo si acaso. ¿Y qué mejor lugar para ello que en la invernal soledad de una playa? Y comienzas a andar (quizá por la pueril intuición de querer escapar, quién sabe), jugueteas en la arena con los pies, das vueltas, y llegado el momento, te quedas, frente por frente, mirando la inmensidad de un mar que se despliega ante ti... Y ya no lo vuelves a ver igual. No sé si es por una conexión que se creará entre esa cristalina masa azul y tú mismo, si será por la tranquilidad de poder contemplarlo sin prisas y verlo de verdad... Aunque en el fondo, me inclino a pensar de forma distinta. Porque la subjetividad de nuestra mirada hace inmeditamente subjetivo nuestro mundo, ese que nosotros nos creamos. Y quizá ese día cambia tu forma de mirar porque algo ha cambiado previamente dentro de ti...
Sí, realmente pienso que las cosas funcionan así. Las cosas de nuestro alrededor, el pequeño mundo que nos rodea a cada uno, rara vez cambia en cosas importantes. No cambia ese milenario mar de un día para otro, cambia lo que para nosotros significa. No cambia la extensa paleta de colores que dibuja el planeta, cambia nuestro gusto por cada uno de ellos. No cambia el mundo, cambiamos nosotros. Y habiendo llegado a esa conclusión, me hago otra pregunta, y es el por qué cambia nuestra percepción de repente, y por más que hayamos querido ver las cosas de otra manera, no hemos podido hacerlo antes...
Y entonces atisbo ineludiblemente el fanganoso terreno de definirnos a nosotros mismo, de replantear qué mueve la mentalidad y el ideario del hombre. ¿Somos cabeza, o somos corazón? ¿Reflexión, o quizá sentimientos? ¿Lo que creemos que debe ser, o lo que queremos que sea? Quizá para nuestras cosas más intrínsecas, para las cosas más "humanas", si se me permite la expresión, como el amor, el odio, el gusto... quizá para todas esas cosas, por poco que nos guste, no podemos evitar movernos más por el corazón, por la intuición, y por el querer más que por el deber.
Es por eso que de nada te vale que alguien te explique cómo ve él el mar, porque eso no hará que tú lo veas distinto. No hasta que llegue tu momento, hasta que dentro de ti se haya movido algo que te haya cambiado, y entonces, por ti mismo, te asomes a ver es agua que ves cada día, y la conozcas de un modo completamente distinto...

4 comentarios:
me gusta la horchata de chufa. Tu relato se parece a la horchata. Bonito cuadro!
un beso
mek
Gracias Mek:)
Hoy he empezado mis vacaciones.
Un beso. Valle
Hoy he tenido un día gris; leerte me ha dado un poco de luz.
La vida no se puede ni se debe vivir a través de otros ojos de ahí que la percepción de todo lo que nos rodea sea una experiencia única; en ocasiones errónea pero intransferible.
Un cuadro precioso y con una fuerte carga de transmisión.
Besos.
Boira (Voira)
Me alegra si esto te ha ayudado un poco,gracias por leerme. Un beso muy fuerte. Valle
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